Cogiste tus ganas y un poco de carrerilla, y te dirigiste a mí sin ninguna intención que no fuese atravesarme, desmantelar mi fortaleza y agrietar la barrera que tenía con los sentimientos. Y la verdad es que no has hecho otra cosa que pegarme balonazos hasta que has conseguido destrozar el obstáculo que había entre el querer y yo y romperlo en pedazos tan pequeños ya no se pueden reunir. Te has reído a carcajadas de mis miedos y has convertido mis frenos en sonrisas. No has parado hasta que has conseguido eliminar todo tipo de muros que pudiese haber entre tú y yo, y te has colado en mi escondite. Y la verdad es que ahora que te tengo tan cerca, no quiero que haya nada más entre nosotras, estar a una distancia en la que no quepa ni el aire, porque cuando estoy contigo me sobra hasta respirar. La verdad es que me he acostumbrado a quedarme sin respiración, porque a menudo me cortas el aliento.
Como cuando te acercas poco a poco, y me miras fijamente. Y tengo tus labios en mi boca, y siempre sin darme cuenta. Y las ganas de comerte me comen por dentro a mí. Tus manos siempre se las apañan para rozar mi piel y tu cuerpo se pega al mío como se pegan los imanes que se atraen inevitablemente. Y cuánto más me besas tú, más me sobra lo demás, hasta que me devoras y ya juro que no existe nada. Y ya no hay aire, y solo existen tus manos, tu cuerpo se estremece y mi piel se viste con tus besos. Consigues que pierda la razón, el sentido y la noción del tiempo. Te has cargado mi estabilidad y te has convertido en mi locura y en su cura.
Rutina podría ser tenerte en mi cama todas las noches y que me desnuden tus susurros. Tengo el cuello lleno de tus restos y que no es la piel lo único que me estás mordiendo, que el corazón también se resiente.
Eres jodidamente especial, y a mí nunca nadie me había ganado a recordar. Quiero que te quedes, que no te vayas, y voy a inventarme mil cosas que hacer contigo para hacer muy larga esa lista, para así tenerte atada de algún modo y que no se acaben las excusas para verte a mi lado un poco más.
No te voy a mentir ni a fallar, lo único que te voy a hacer es falta. Las ganas de ti no se acaban, y me muero por beberme las horas en tus ojos otro día más, y mirarte tanto rato que se cansen hasta los relojes de tener que contar los minutos que gasto en tu mirada.
No tengas prisa ninguna, que no es que yo te regale mi tiempo, es que mi tiempo es tuyo.