En mi despensa ya no acumulo cantidades industriales de tu comida favorita ni pienso en ver contigo una ristra enorme de películas cursis y románticas. No está tu ropa en mis cajones ni huele a ti mi cuarto. No es tu hueco el de mi cama, ni tu sitio mi cabeza. No voy a regalarte esa entrada de concierto ni invitarte a comer a un sitio bonito. No espero que tus manos me quiten la ropa ni que tus besos me quiten el miedo.
Era bonito, era inmenso y único, era todo. Era. Ya no es. Y ya está, ya no es nada, solo fue. Me ha costado muchas noches echarte de mis sábanas y muchos llantos dejar de llorarte. De hecho, te llevaste todas y cada una de mis lágrimas y no te has ido hasta que no me has dejado sin una puta gota. Ya no lloro, no lloro nunca, me sequé. Se me secaron los ojos igual que me secaste el corazón. Igual que me secaste la vida y las ganas, igual que te levantaste un día de mi cama y ya no volviste. Sin más, ni menos. Bueno sí, mucho menos.
Te anclaste en la cabeza y te apoderaste del alma hasta el punto de que me acostumbré a vivir con tu presencia, era como llevar el móvil y las llaves, igual te llevaba a ti. Me hice a la idea de que nunca saldría de tu agujero. Tu juguete viejo. Tu juguete roto. Tu juguete, al fin y al cabo. Hubiese jurado que era inmortal, hubiese puesto la mano en cualquier fuego, y me hubiese(s) quemado.
Pero un día me levanté y ya no eras. Ya no eres. Siempre vas a estar, pero ya no volverás a ser. He tenido pesadillas cada noche y me he despertado con la vida muerta cada mañana. Hasta que llegó ella.
No lo dudes, yo siempre voy a estar, para ti, pero ya no vamos a ser. Ya no quiero pelearme con los muros de esta ciudad cuando tus ojos no me miran ni me sangran los nudillos porque no me hablas. Tú, pasas por mi lado, indiferente, y no hay dolor, hay pena. Mucha pena. Y la pena es el fin. El frío y el calor ya no tienen que ver contigo.
Sin embargo, yo nunca te voy a faltar, ni a fallar. No voy a dejar de correr si me necesitas ni voy a querer alejarme demasiado de ti. Ojalá seas muy feliz y ojalá tengas mucha, mucha suerte.
¿Sabes cuándo te das cuenta de que ya no quieres a alguien? Cuando ya no la ves tan guapa.
Yo ya no te quiero, tú ya no me dueles.
Me encantan las personas que saben hablar de la diferencia entre ser y estar. Me gusta, también, las que odian sentir pena, las que entienden eso que has (d)escrito sobre que la pena es el fin.
ResponderEliminarY cuando la noche eterna es pasado, cuando ya se han roto todas las ventanas posibles, cuando ya no duele, cuando estamos curadas... Ahí es cuando de verdad empezamos a vivir de nuevo. Y eso es genial.
Eres todos los colores del mundo. Todos.
Escribir merece la pena solo para haber leído este comentario. Ha(s) merecido la pena.
ResponderEliminarSoy de todos los colores porque tú los ves todos.
Y ahora vives de nuevo, y ahora ya no es tan guapo/a.