Escribir es como cuando le pegas a las paredes y te dejas los nudillos en cualquier esquina. A veces sentimos tanto dolor, tanta ira, tanto amor, sentimos tanto, que si no lo escupimos por alguna parte puede rompernos en cualquier momento.
La ira es como la dinamita, empiezas prendiendo una mecha pequeña y al final acaba por explotar de la manera más ruidosa. Y es por eso que descargamos la ira en cualquier objeto sólido que haya alrededor, porque necesitamos ver que nuestro dolor interno sale al exterior de alguna manera, sentir el dolor en el cuerpo lo hace más real, más llevadero.
Escribir es exactamente lo mismo, solo que la tinta dura más y la herida es más honda.
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