Te estoy escribiendo este texto como podría escribirte tantos, y cuando digo tantos digo cientos. Cientos como los cientos de sonrisas que me sacas al día, o como los cientos de minutos que he consumido hablándote. Y, en realidad, habrán sido más de cientos pero la verdad es que me he sumergido tantas veces en tus conversaciones que ya he perdido la cuenta.
Esa es justo la palabra, me he perdido. Me he perdido contigo y con la inmensidad de tus ojos verdes, igual que me he perdido cada vez que me has chantajeado con la voz de una niña, de la niña que tienes dentro. Igual que me voy a seguir perdiendo cada vez que te mire. Porque te voy a seguir mirando mucho tiempo, porque con esa cara mirarte no es difícil. Porque te miro y te veo. Y ya sabes lo que eso significa, veo a través de ti, y veo donde nadie puede ver, y me gusta saber que soy capaz de verte más allá de esos aires de chula, y más allá de ese ego que tienes que a veces duerme para volver a resucitar cuando menos te lo esperas. Y eso es lo mejor, que no te lo esperas.
La verdad es que eso me pasó a mí contigo, que no me esperaba que te fueras a convertir en mis buenas noches, igual que tú no te esperabas que llegara a ser la dueña de tu subsconciente. Y la verdad, no voy a negar que es algo que me encanta. Supongo que eso es lo bueno de tú y yo, que salimos de donde menos nos esperábamos.
Y si en algún momento dudas que te vaya a echar de menos, piensa que ya lo estoy haciendo. Que lo hago cuando te despides de mí, y cuando estás tan lejos que no puedo ni hablarte. Que me llevo tu ropa por tenerte más cerca y me pongo tu olor como colonia para que no te vayas de mi lado. Que a veces ya no sé si huele a ti o si es que te has instalado en mi cabeza igual que te instalaste en mi vida, sin preguntar. Que si pudiera te llevaba en mi mochila a cambio de que tú me cantaras una canción que me hiciera más corto el viaje, con esa voz tuya que no sé de dónde ha salido pero que podría poner de banda sonora de todas mis noches.
No dudes rubia, porque no te voy a fallar. Porque quiero ser tu experimento, tu intento de ser alguien de quien fiarse, porque yo me fio de ti. Y además lo hago sin miedo, porque no me importa quemarme, no si me quemo con tu fuego. Porque no sé que tendrá la forma en la que miras que duele, y porque quiero encontrar respuesta al misterio de tus ojos verdes. Y porque te quedan muchas sonrisas que dedicarme a mí y a tu pantalla, y yo quiero tener más heridas en los labios. Y quiero notar tus manos en mi cuello y morderte los lóbulos de las orejas una y mil veces. Y que me he dado cuenta de que me gustan más mis brazos si los adornas con tu letra.
Cómo no voy a tener ganas de escribirte si te aprendes de punta a punta cada una de mis palabras y copias en tus cuadernos los puñados de líneas que te dedico. Cómo no voy a querer si me dices que quieres ser adicta a mis escritos.
Y la verdad, es que te echo de menos. Y que los únicos puntos que vamos a poner son tus puntos suspensivos, que el punto y final a esta historia no está invitado de momento. Y por ahora no tengo ninguna intención en invitarlo.
¿Confías en mí?
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